Este 26 de marzo se conmemora un siglo del natalicio del compositor barranquillero, recordado por clásicos como ‘Cumbia sobre el mar’.
El 30 de marzo de 2019 cuando nos enteramos del fallecimiento de la barranquillera Martha Ligia Restrepo, señorita Colombia de 1962 y reina del Carnaval de Barranquilla en 1963, inmediatamente nos acordamos de la hermosa Cumbia sobre el mar que su paisano, el compositor Rafael Mejía Romaní, le dedicó a nuestra ‘Reina Eterna’: “Era Martha, la reina/ que mi mente soñaba/ carrusel de colores/ parecía la cumbiamba”, reza en una estrofa del tema.
En una entrevista realizada el 19 de julio de 1999, el maestro Mejía, quien esta semana llegaría al siglo de vida, le contó al licenciado e investigador musical Néstor Emiro Gómez Ramos el origen de su inolvidable cumbia: “Tenía la idea de componer esa canción y me inspiré en la hermosa bahía de Santa Marta y en Martha Ligia. Me imaginé una cumbia sobre la bahía y cómo en un sueño emergía la reina. La letra y música, como en todas mis canciones, son mías. Hicimos la grabación con muy poca gente, estuvieron acompañando al Trío Serenata los Hermanos Rodríguez Moreno: Tomasito, Efraín, Pompilio y Lucho. Esa cumbia la canta Leandro Torres. La hice cuando Martha Ligia fue elegida Reina del Atlántico, se grabó en octubre de 1962 y salió a finales de noviembre cuando fue elegida reina de la belleza nacional. Y después ella fue reina del Carnaval, entonces Cumbia sobre el Mar cogió más fuerza. Tiene más de 25 versiones. La grabamos en los estudios Atlantic que quedaban en la calle San Juan con La Paz”.
El compositor barranquillero Rafael Mejía Romaní nació el 26 de marzo de 1920, en una humilde casa ubicada en la carrera Primavera entre las calles Cisneros y San José del tradicional Barrio Abajo. Ya comenzamos a celebrar su centenario.
Fue uno de los más acuciosos exponentes del sabroso porro y del romántico bolero. A pesar de eso, en su adolescencia ya era un consumado tiplista que ejecutaba a la perfección bambucos y pasillos. Al punto que a los 16 años estuvo a punto de viajar a Nueva York a grabar con la cantante barranquillera Sarita Herrera Ripoll, familiar de Shakira.
“Nací en el Barrio Abajo, uno de los más antiguos de Barranquilla con casitas de enea y techos de paja, allí viví como hasta los 12 años y después nos mudamos al barrio Boston. Viviendo en Boston aprendí a tocar tiple a los 14 años. Luego aprendí a tocar guitarra y con un amigo hicimos un dueto que bautizamos Dúo Sentimiento. Actuamos por mucho tiempo en Emisoras Unidas”.
Al dúo de Julio Samudio y Rafael Mejía se unió Eladio Barrios para conformar el Trío Serenata que se convirtió en una agrupación de mucha estimación de los empresarios Rafael Roncallo y Antonio Fuentes, fundador de Discos Fuentes. El trío original duró como tres años, luego entraron Manuel Pacheco y Carlos Fontalvo.
“Viajamos mucho a Cartagena a grabar en Discos Fuentes. En ese tiempo grabamos mucha música de Rafael Hernández y música venezolana y colombiana. Las primeras grabaciones con Toño Fuentes fueron canciones de Rafael Roncallo como Corazón, Ocaso y también canciones mías como Triste sin ti, Lo manda el corazón y el porro Paisaje que es muy popular por la grabación de la Billo’s Caracas Boys, también lo grabó la orquesta del pianista cubano Bebo Valdés y Carmencita Pernett con la orquesta del mexicano Rafael de Paz”.
“Tenía la idea de componer esa canción y me inspiré en la hermosa bahía de Santa Marta y en la reina Martha Ligia Restrepo”.

Las reinas, su inspiración
El primer porro que compuso Mejía Romaní fue dedicado a Carmiña Moreno, quien en 1955 fue elegida en representación del departamento del Atlántico como virreina nacional de la belleza en Cartagena. Ese porro que tituló Carmiña, lo grabó originalmente Aníbal Velásquez y se convirtió en el éxito bailable del Carnaval de 1956, cuando la misma Carmiña fue nombrada reina de las festividades. Luego el músico dominicano Billo Frómeta reciclaría el tema y lo lanzaría nuevamente al estrellato.
El maestro Rafael Mejía es reconocido como uno de los grandes compositores románticos de Colombia. Su nombre aparece en antologías de la Sony, la Emi y en los listados de estudiosos latinoamericanos del bolero, junto a figuras como César Portillo de la Luz, Rafael Hernández y Agustín Lara, entre otros.
Además del bolero Mientras me quieras tú, que lo inscribió en el hall de los grandes boleristas latinoamericanos, también son suyos los boleros Vidas iguales, Nadie más que tú, Por Dios que eres bonita, Despierta corazón, Ahí estás tú, Sabes muy bien, Más y más y Será por eso.
“En Boston aprendí a tocar tiple a los 14 años. Luego aprendí a tocar guitarra y con un amigo hicimos el Dúo Sentimiento”.

El recuerdo de sus hijas
Para recordar a este gran genio musical, dialogamos con sus hijas Astrid y Ana, quienes extrajeron de su memoria algunos de los grandes momentos compartidos al lado de su padre.
Astrid, quien hoy goza de su pensión luego de laborar en las áreas de fotocomposición y como jefa de almacén y bodega en esta casa editorial, lo describió como un ser excepcional.
“Fue mi ídolo, mi modelo y mi gran espejo. Le admiré mucho su sencillez, fue una persona muy humilde, él decía que componía porque era un don que Dios le regaló y que no se consideraba un compositor de vitrina. Recuerdo que se sentaba en la cama matrimonial en posición de meditación, con su guitarra terciada en el pecho y tomaba una libreta y un lápiz. Tenía la virtud de ir escribiendo las estrofas con melodía incluida, algo que es de admirar”.
Sobre su pasión por la música romántica, sostuvo que él admiraba mucho como compositor al mexicano Agustín Lara, su perfil de bolerista del país azteca.
“Fue muy versátil, compuso boleros, pasillos, tangos, paseos, cumbia, samba, bambuco. En este último género creó un gran éxito Arroyito campesino, por este tema los antioqueños lo reclaman como si fuese paisano suyo. Esa canción era de las favoritas del presidente Belisario Betancur, quien en 1982, para su posesión en la Casa de Nariño, lo invitó, pero mi padre no asistió porque le tenía fobia a los aviones”, rememoró entre risas.
Mejía Romaní tuvo tres hijos con Ramonita Padilla de Mejía, el mayor de ellos, fue el único varón, Ricardo, que al igual que su hermanos también heredó la vena musical y se destacó como pianista de reconocidas orquestas como Los Súper Stars.
“Todos cantamos. El hijo mayor de Ricardo (Roberto Carlos) es ingeniero y licenciado en música, mi hermana Ana tiene a Rafael Antonio que es el líder de un grupo de música pop que se llama 77”.
Por su parte, Ana, quien lleva las riendas de la fundación que lleva el nombre de su padre, que busca impulsar nuevos talentos musicales y rescatar el Parque de los Músicos, ubicado a un costado del estadio Romelio Martínez, contó que para celebrar su natalicio 100 tenían programado este jueves un concierto y un conversatorio en el teatro José Consuegra Higgins, donde se lanzaría un libro que sustenta su importancia como referente teórico por su vida y obra. Todo quedó aplazado debido a la crisis que se vive en el planeta por el coronavirus.
“Lo que más recuerdo es su jovialidad, ese cúmulo de valores, él deja un legado cultural, pero también de modelo de vida, siempre preocupado por los demás con gran capacidad de servicio, sin ningún tipo de vicios. Fue el mejor padre del mundo, el mejor esposo, el mejor vecino del barrio Olaya donde nos criamos. Él fue un luchador porque después de que su papá tuviera recursos, escaseó todo y es gracias a la canción que le hizo a Martha Ligia que pudo construir su vivienda”.
Ana contó también que aprendió a cantar a los cuatro años y eso la ató más a su papá.
“Él se acostaba a componer y me decía ‘mira lo que estoy escribiendo, esto va a ser un éxito que recorrerá el mundo entero’. Mi mamá siempre respondía que él y sus sueños… pero fíjate, la mayoría se le cumplieron”.